Es evidente y conocido que la función del diseñador es una actividad eminentemente creativa. Aún así, es importante romper con la imagen obsoleta, que todavía está vigente en algunas empresas, del profesional de diseño como artista.
El profesional de diseño trabaja en un entorno comercial y empresarial y por lo tanto tiene restricciones y condicionantes derivados de esta situación. Los productos o servicios que diseña tienen habitualmente un público objetivo definido con anterioridad y por lo tanto deben cumplir con los objetivos marcados.
En el proceso de trabajo el profesional de diseño se preguntará cosas de tipo: ¿es viable la producción de este nuevo proyecto? ¿Qué aporta mi diseño con respecto a los de la competencia? ¿ Es adecuado para el grupo de personas que lo van a usar? ¿Es demasiado caro producirlo? ¿Aporto alguna ventaja con respecto a los productos que ya existen en el mercado? ¿Es coherente con los objetivos de la empresa? ¿Afectará al sistema de almacenaje y distribución?...
La figura del diseñador en la empresa a menudo facilita la incorporación de métodos de trabajo diferentes y el inicio de procesos de innovación. Incluso podríamos decir que el diseñador juega un papel importante como intermediario entre diferentes personas dentro de la organización en las empresas innovadoras (1).
Podríamos destacar también cuatro aspectos positivos de la presencia de profesionales de diseño en una organización derivados de las características propias de la profesión:
- Buen coordinador de especialistas debido a su formación pluridisciplinar.
- Buena capacidad creativa que puede transmitir al resto de la organización.
- Es un detallista, tiene que atender a los pequeños detalles y a la vez a los aspecto generales, cosa que afecta a la calidad total y la mejora continua.
- Tiene un método de trabajo que ayuda al proceso de innovación de la organización.
La relación del diseño con otras áreas de la empresa
Para que la política de diseño y las decisiones tomadas en materia de diseño sean efectivas es necesario que, en primer lugar, sean apoyadas por la dirección y en segundo lugar, sean compartidas por el resto de la organización.
El diseño puede ser parte estructural de la empresa (como un departamento propio o formando parte de otro departamento), o puede ser subcontratado a un proveedor externo (profesional free-lance o empresa de servicios de diseño).
Tanto en uno como en otro caso es importante que la incorporación del profesional de diseño en el proceso de trabajo sea desde les fases iniciales. Actualmente la mayoría de empresas trabajan en proyectos liderados por equipos pluridisciplinares, no hay lugar para el concepto de diseñador como una figura que únicamente se encarga de la parte estética del producto.
Fuente:
(1) Montaña, J. Diseño: rentabilidad social y rentabilidad económica. Ministerio de Ciencia y Tecnología, Fundación BCD. 2001.






